Fábula. “La liebre y la tortuga. La liebre era bien conocida entre el resto de los animales. Se pasaba el día entero corriendo de un lado a otro. Si no estabas muy atento, puede que no llegaras a ver más que el polvo del camino a su paso. La tortuga, sin embargo, caminaba siempre lenta. Todos le decían – cuidado tortuga, que a ese paso se va a hacer de noche – La liebre era la que más se burlaba de la tortuga – ¡Vamos tortuga, no corras tanto que te vas a cansar! – repetía entre risas. Como cada mañana, la tortuga salió de su casa para hacer algunos recados. En esto que se encontró a la liebre, corriendo de un lado a otro sin saber muy bien hacia dónde iba. – Tortuga, quítate del camino que vas muy lenta. – gritó la liebre antes de adelantarla a la velocidad del rayo. La tortuga ya estaba cansada de que la liebre fuese tan grosera y se burlase de ella, así que, ni corta ni perezosa, hizo una propuesta sorprendente a la liebre. – Si soy tan lenta, no te importará hacer una carrera...
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